
No importan tus palabras ni tampoco tus promesas, tu saliva ya es insípida, tu voz ya no se escucha, tu silencio y tus gritos me son indiferentes.
Y yo he recorrido tu piel de norte a sur, de oriente a poniente, las dunas de tus pechos y la elasticidad de tu piel, las mareas de sudoración con aroma de fiera, tus besos que arrancan aliento y vida, que destruyen con sólo pensarlos.
Eres holocausto de fuego en el alma, reduciendo a cenizas corazones y dejando luego de la pasión amargo sabor a desconocimiento, y he explorado tu cuerpo desde sus diminutas cavidades hasta sus últimas imperfecciones pensadas por Dios para desencantar a los que pensamos que eres perfecta.
He corrido en mi mente tus pensamientos y tus sentimientos esperando señales de vida, señales de fuerza, de esperanza. Dolor que agradezco sin lugar a dudas por ser motivo de escritura y de inteligencia matadora frente a la ingenuidad de la idea del amor, no te diste cuenta que dejé de amarte cuando decidí tenerte sólo por conveniencia y yo he recorrido tu piel.
Caminado carreteras desérticas pobremente iluminadas entre los dedos de tus pies, siempre un agasajo redescubrirlas no para mí sino para el estremecimiento que te provoca, tu piel y sentidos erizados por la excitación de ser amada sin serlo en lo absoluto, tú sí que eres ingenua.
Conocí sabios entre tus piernas que me enseñaron de relaciones humanas, hablé con musas en tus ojos que guiaron mis dedos a escribir éstas líneas, observé monjes silentes en tus oídos esperando siempre novedades del mundo circundante, incluso cené con vedettes en tus labios siempre perfectas siempre bellas y plásticas. Finalmente llegué a conocerte.
Y yo he recorrido tu piel de norte a sur, de oriente a poniente… Recorridos y atajos que me enseñan que tú no eres más que un simple misterio que develar sin más que ofrecer que algunas maravillas naturales.
Recorridos turísticos y nada más.
Imágen por Jeremy Cowart, en la imágen: Paper Route.
www.jeremycowart.com

