martes, 27 de octubre de 2009

Oraciones de funeral

Curioso asunto con el que me topo el día de hoy, con los brazos reposando inamovibles y cruzados sobre mi pecho, palabras que resuenan en mis ahora fríos tímpanos gritando que me levante, exigiendo y demandando respuestas sobre eventos que simplemente no recuerdo... no me voy a levantar, aquí estoy en verdad cómodo.

Quisiera abrir los ojos, a la vez, la pereza me lo impide y en verdad estoy cómodo, así podría esperar a que me coman los gusanos. Me gustaría tener un cigarrillo.

Siento las miradas intermitentes sobre mi, recuerdo funerales de otros, recuerdo pensar sobre la muerte y sentirme triste por los que empacan y se van con la calaca. Ahora pienso que aquellos sentimientos debieron haber sido envidia de la buena, que pérdida de tiempo.

Parece solemne éste curioso momento, todos repiten oraciones una y otra vez. Hasta los sollozos se han ahogado, debería estar callado, por un momento al menos.

Y de repente alguien golpea la caja donde reposo, grita desesperada la voz de una mujer, la voz de una niña, la voz de un amigo, la voz de un maestro, de un cantante, de un abogado, de un sacerdote. Golpea en mi caja la memoria, los recuerdos, las tristezas, golpes constantes que agobian mi descanso eterno. No entiendo, quiero descansar y no me dejan, que pretenciosos.

Mi atención ya no se encuentra enfocada en la comodidad que proporciona la carencia de tacto, ahora cada uno de los discursos que se ofrecen en la habitación son taladros encendidos cerca de mis ojos, perturbadores a la vez que hipnotizantes. Vaya es inexplicable cómo uno es hablado por otros, quisiera desenmascarar mentiras y aplaudir cautivantes palabras, quisiera poder decirles quién soy en verdad. Gente que llora, grita y ríe forzadamente, que ambiente tan más pesado, esperaba sinceramente una fiesta a lo grande con whisky on the rocks, ¿En qué pensaban ofreciendo únicamente café y galletas? Vaya decepción.

Han pasado casi diez horas y el silencio absorbe a las voces, sollozos repentinos y rosarios espontáneos son los sonidos de todo velorio, ¿Por qué el mío sería diferente?

Por lo menos sigo cómodo, adoro mi nuevo hogar, ni mucho ni poco espacio sino lo justo. No entiendo porqué todos quieren grandes y absurdamente ostentosas casas, la cosa es mucho más agradable cuando lo que tienes basta.

Es de día, fue una preciosa noche, me puedo acostumbrar.

De pronto susurros, algo ocurre y me inquieta no saber qué es, quizá llegó la hora de ir a la celebración religiosa que corresponde a la muerte, quizá alguien hizo algo indebido...¿Qué es lo debido en un funeral? ¿Llorar y rezar?

Una voz se eleva entre los susurros: "No sabemos a dónde fue, no sabemos si está aquí o allá, si está bien o mal, sabemos que no está. Me presento aquí a hablar de él o de ella, de quienes ustedes quieran, vengo a decirles que para mi fue relevante y quizá en mal o buen momento, que nos extraña, quizá no. El punto es que quizá nos escucha o quizá no, pero yo visto de mimo y hablo por el silencio, lo dicho queda dicho y lo que no se dijo es imaginación, déjenlo o déjenla descansar.

En cuanto al cadaver aquí presente les puedo decir que para él fuiste relevante, quizá no. Para él fuiste amado, quizá indiferente, para él no existe el hubiera sino el fue, y si está feliz o no, ésto es lo que logró construir, yo hoy soy el silencio que habla y él el sonido que ahora calla".

Alguien le aplaude, pero instantáneamente se calla y la tensión se eleva, una última porra para mi vida comienza y termina. En verdad estoy cómodo.